Los juguetes no son cosa de juego

Los juguetes no son cosa de juego

Más que simples objetos de fabricación industrial o artesanal, los juguetes son elementos esencialmente necesarios para la formación de los niños. Por un lado, el juego determina, en no pocos sentidos, el desarrollo físico y socio-psicológico de los más pequeños. Por otro, el acceso a los juguetes en Cuba es insuficiente. Dicho en pocas palabras: la estrategia vigente para su producción, distribución y comercialización no satisface las expectativas de infantes y adultos.

Aunque no es desconocida, recientemente esa situación se convirtió en centro del debate de espacios públicos de la Isla.

Por cuanto urge atender el problema, la Comisión de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer de la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) ayudó a analizarlo profundamente y a empezar a trazar líneas para darle una solución, a mediano o largo plazos.

La presidenta de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), Aymara Guzmán, explica que no existe una política definida en torno a los juguetes y que los pocos que se reciben de donación se envían a instituciones hospitalarias pediátricas y algunas escuelas. «Está latente además la preocupación de que los juguetes tradicionales, como las muñecas y los carros, que son los más buscados, no tienen que ver con nuestra identidad», agrega.

Una indagación sobre el estado de la producción, distribución y comercialización de juguetes en Guantánamo, Granma, Holguín, Santiago de Cuba y La Habana, que contactó a 750 personas en 28 municipios, reflejó la crítica al costo elevado de los juguetes en las Tiendas Recaudadoras de Divisa.

La diputada granmense Rosmery Santiesteban señala el desabastecimiento que existe en muchas comunidades del país.

Se comercializan juguetes de mala calidad y pobre variedad a precios que normalmente los padres no pueden pagar, ya que «la mayoría de las familias puede comprarle un juguete por año al niño, juguete que casi siempre se rompe rápido».

De acuerdo con Santiesteban, hay que velar porque los juguetes que lleguen a la Isla sean los que realmente necesitan las niñas y los niños para aprender y entretenerse. Asimismo, se refiere al acaparamiento que existe cuando hay rebajas de precio en las jugueterías y a que muchos padres terminan adquiriéndolos a través de los trabajadores por cuenta propia, quienes no siempre conocen de dónde proviene el material con que se hace lo que venden.

Por otra parte, Leana Hernández, de Guantánamo, resalta la necesidad de sustituir importaciones a partir de estimular la producción de juguetes en Cuba. «Aunque no tengan la mejor calidad hay que hacer juguetes que respondan a las demandas específicas que tiene cada año de vida».

Al respecto, afirma Odalys Betancourt, de Santiago de Cuba, que la edificación de valores en la infancia demanda materiales didácticos, pero a la vez atractivos. «Las industrias locales apenas producen juguetes y existen municipios donde no hay con qué jugar. Mientras, los juguetes que expenden los cuentapropistas están hechos con materias primas de olor fuerte, que pueden incluso ser peligrosas para la vida».

Además de coincidir en que debe encontrarse la forma de hacer más equitativa la distribución de juguetes entre los establecimientos comerciales y las instituciones educativas, los parlamentarios cubanos reconocen especialmente la ausencia de productos para la primera infancia y de elementos que potencien la actividad lúdica mediante los juegos de roles, que han ido desapareciendo.

De igual manera tienen en cuenta que el plano digital ha ido desplazando habilidades que deben ser desarrolladas durante la niñez y que hay que pensar mejor qué tipo de juguetes le hace falta realmente al país, y también en diferenciarlos por edades.

Según la joven diputada matancera, Jennifer Bello, también hay que respaldar la fabricación de juguetes con animados cubanos. «En tiempos de peor situación económica, como fueron los años 90, había producción de juguetes en Cuba y hoy no hay. Antes heredábamos los juguetes de nuestros padres y abuelos, pronto no habrá qué juguete heredar».

UNA SOLUCIÓN EN MUCHAS MANOS

Con la propuesta para la creación de un grupo nacional integrado por el Ministerio de Industrias (Mindus), el Ministerio de Finanzas y Precios, el Ministerio de Comercio Interior (Mincin), el Ministerio de Economía y Planificación, el Ministerio de Educación (Mined), la Unión de Jóvenes Comunistas y la OPJM, los diputados cubanos han esbozado el camino a seguir.

Roberto Alexis Romero, director de Logística del Mined, aporta que en el 2015 se obtuvieron 194 módulos, cada uno con cerca de 100 juguetes por cada año de vida. Es decir, ya hay más de un centenar de círculos infantiles de los 1 084 que tiene el archipiélago, con nuevos módulos. En el 2016 se contrataron 101 módulos; en el presente calendario se espera llevarlos a 726 círculos y para el próximo, a más de 1 000.

«La importación de juguetes es un proceso complejo y costoso, pero se lleva a cabo hoy un proceso de renegociación con los proveedores para llevar nuevos instrumentos musicales y pintura acrílica para la confección de juguetes a cada uno de los círculos infantiles. También es un reto enseñarle a la familia cómo debe jugar el niño correctamente», refiere el funcionario.

Del mismo modo, la directora de Producciones Seleccionadas del Mindus, Olga González, asevera que la situación de los juguetes es tan crítica como otras que existen en el país. «La industria no está de espaldas a eso, amén de no tener una solución inmediata es responsabilidad nuestra dar respuesta a esa problemática.

«No vamos a poder levantar de un día a otro una industria, pero sí empezar a engranar todas las empresas, entidades locales y cooperativas de forma ordenada. Hemos convocado a la industria ligera, la electrónica y la sidero-mecánica. Hemos sido productores de bicicletas, velocípedos y patinetas, que hoy hay que importar porque ya no se hacen aquí», acota la directiva.

Sin perder de vista que con más de 8 000 empresas jugueteras China es el mayor productor de juguetes del mundo y controla el 79 % del mercado, el Mindus ha creado un grupo temporal a cargo del cual se encuentra Olga González, que deberá presentar un cronograma de trabajo ante la ANPP en diciembre.

La funcionaria ratifica que las mayores carencias están en los juguetes para niños de 0-6 años: «Ya hay prácticamente 14 empresas nuestras con propuestas a partir del empleo de recursos mínimos, sobre todo en materia de producciones deportivas. No obstante, eso no satisfará ni el 50 % de lo que hoy demanda el país. Habría además que revisar el tema precio, que es algo fundamental, y hacer un levantamiento propio de qué es lo que se necesita en cada provincia».

En cuanto a las formas de gestión no estatales, argumenta González que no todas producen con materiales dañinos. «La cooperativa no agropecuaria (CNA) Decorarte, avalada por el Mindus, tiene un proyecto que estamos acompañando para ver hacia dónde dirigirlo porque es el más avanzado hoy en Cuba, si de hacer juguetes se trata».

LA ALTERNATIVA MÁS AVANZADA

Dedicada a la publicidad y el diseño gráfico e industrial para la decoración y el interiorismo, Decorarte podría contribuir al desarrollo de la producción de juguetes en Cuba. «El proyecto de Decorarte está siendo hoy evaluado por todos los que participan de una manera u otra. Sus productos son de muy buena calidad y buscamos cómo potenciarlos porque pueden ayudar mucho», apunta González.

Bajo el nombre Gabi & Sofi, la CNA Decorarte, creada en Matanzas en el 2013, ha concebido una marca sencilla que abarca la producción y personalización de todo objeto o prenda que pueda necesitar un niño, desde el mobiliario hasta la ropa. Se trata de una gama integral de productos infantiles que va más allá de juguetes y que, con mayores financiamientos, podría estar produciendo a escala industrial para fines del 2017.

El presidente de Decorarte, Ariel Balmaseda, destaca a Granma que si bien hay cadenas como Caracol y TRD Caribe interesadas en Gabi & Sofi, el Mincin está analizando cómo comprarle los productos a la CNA y hacer que la marca pueda venderse preferentemente en moneda nacional.

El empresario reconoce que se tiende a producir, mas no con buena imagen y durabilidad. «Gabi & Sofi surge para satisfacer la demanda existente en el mercado infantil y estimular la natalidad, en correspondencia con la política demográfica del país.

«La fabricación de juguetes en Cuba es prácticamente nula y requiere una calidad mayor. Es nuestro aporte como cooperativa. Teniendo el valor del producto, el diseño, el know how, la capacidad humana y parte del equipamiento comprado ya, llevamos un año trabajando intensamente para poder elevar la producción», indica.

Inmersa en un proceso de certificación de la calidad de sus productos, Decorarte busca un esquema de financiamiento que permita completar el equipamiento que tiene hoy en su taller, situado en Varadero, y que no se limite a producir pequeñas y medianas cantidades, sino que posibilite una distribución nacional.

En palabras de Balmaseda, «tras un estudio serio sobre cómo hacer un juguete cubano, lo primero ha sido elegir materiales cálidos, fáciles de manipular, que no dañen la salud humana o ambiental ni sean químicamente agresivos. Se trata de usar madera y sus derivados y pinturas ecológicas, de lograr un producto regido por las normas internacionales para las fabricaciones infantiles, para que los niños aprendan a pensar y construir».

La vicepresidenta de Decorarte, Isabel Pupo, revela que el mismo concepto se ha pensado para que la ropa infantil no dañe la piel, sea cómoda y se corresponda con el clima caribeño. «Hay que preservar el mayor tiempo posible la inocencia que debe tener la niñez y vestir a los niños como niños porque casi toda la ropa infantil es el reflejo del modo de vestir de los adultos, ropa que ni siquiera es funcional, muy pegada al cuerpo, sexualizada.

«Lo mismo pasa con el mobiliario, que se ha concebido para generar autonomía, que el niño se sienta importante al sentir que es capaz de organizar sus propios juguetes o que su cama se acomoda a su tamaño», añade la especialista.

Expone Balmaseda que con Gabi & Sofi han querido «defender valores que tienen que ver con la no violencia e instituir una imagen atractiva, fresca, cubana y universal». La idea prevé incentivar los buenos hábitos y costumbres, el amor por la familia y la patria, el cuidado de la naturaleza y el respeto por la vida, la paz y la cultura.

En opinión del encargado de la CNA, a través de las tabletas, los móviles, la televisión e Internet, la tecnología aleja más a los pequeños del juego infantil y les va creando afinidad con productos extranjerizantes, que nada tienen que ver con la identidad cubana.

Otro punto a favor de Gabi & Sofi es que ha sido una iniciativa pensada para desarrollarse con las materias primas que normalmente entran a Cuba. Asegura Balmaseda que no se requiere de ningún material especial: «Lo que necesitamos es más cantidad de materia prima y equipos. Cada año el país importa artículos terminados; la única forma de frenar eso es reavivar la industria nacional y ya Decorarte tiene un tramo recorrido en ese sentido».

Dentro de la marca infantil está ideada también una línea de materiales escolares que hoy mayormente se importan: reglas, cartabones, libretas, blocs de notas, libros de colorear y de cuentos.

«A pesar de ser un receptor de los juguetes que se producen en el mundo, Cuba podría convertirse en un productor de algo genuino. Ya hay quien quiere ese producto en el exterior porque es un reflejo de la Isla», informa Balmaseda.

El cooperativista advierte que CSM Group, un importante proveedor extranjero con tradición en la Isla, está dispuesto a apoyar la inversión con un financiamiento a cuatro años. «Igualmente, estamos proponiendo encadenamientos productivos con la industria ligera y otras industrias», concluye.

Compartir este artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *